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Video: Hablaba muy bajito y no tenía armas, pero igual asaltó dos locales de ropa en el Centro

Romina, empleada del local de 9 y 55. “Denme todo o les pego un tiro”, amenazó el ladrón, que nunca mostró armas - PABLO BUSTI
Romina, empleada del local de 9 y 55. “Denme todo o les pego un tiro”, amenazó el ladrón, que nunca mostró armas - PABLO BUSTI
Un cartel que lo dice todo - PABLO BUSTI
Un cartel que lo dice todo - PABLO BUSTI

Por Redacción

Paula (26) le tuvo que pedir al ladrón que le repitiera, porque la amenazó en voz muy baja. Algo intuía, pero lo confirmó en un segundo: “Escondete porque voy a robar todo”, le soltó él, de casi 50 años. Tanto ese robo, en 47 entre 9 y 10, como otro en 9 y 55, fueron obra del mismo delincuente, que cuando llegó a ambos lugares -los dos eran locales de ropa deportiva, aunque de distinta marca-, no generó sospechas.

Es que el asaltante no encajaba en el estereotipo. Vestía ropa nueva y tenía la edad de quien podría ser el padre de las chicas a las que les robó. Y se lo veía tranquilo.

Primero, el hombre entró en el local de 9 y 55. A las 14 de ayer, la puerta estaba abierta. “Se hizo pasar por cliente y estuvo mirando ropa. Al final hizo de cuenta que iba a comprar dos remeras y se acercó hasta el mostrador”, contó Romina, una empleada.

Ahí fue cuando el ladrón cambió su actitud diametralmente. Hizo los ademanes de estar a punto de sacar un arma de la cintura y empezó a amenazar a las dos mujeres que tenía enfrente, casi con susurros. “Denme todo o les pego un tiro”, se le escuchó decir. Todo lo que pudo sacar fueron 400 pesos de la caja.

Su última orden antes de escaparse fue obligarlas a que se escondieran en un pequeño cuarto, para que no viera en qué dirección se iba ni si lo acompañaba alguien.

Las cámaras de seguridad de ese comercio filmaron toda la secuencia. El material quedó en manos de la policía.

Distinta fue la actitud de la otra víctima de estos dos robos. Paula, que trabaja en un negocio de 47 entre 9 y 10, primero vio cómo el delincuente se hacía pasar por comprador, hasta que eligió una remera. “Es para regalo”, anunció.

La chica estaba por cobrarle cuando, otra vez, el ladrón la amenazó en un tono casi inaudible. Ni bien entendió lo que pasaba, activó el botón de pánico. “¿Qué hacés? Mirá que tengo un ‘chumbo’”, le dijo. Después le pegó una piña en la cara y la empujó, para llegar a la caja. Adentro había 150 pesos.

Otra coincidencia: en los dos negocios hubo episodios de vandalismo hace un par de semanas, por parte de menores.

El delincuente de ayer salió corriendo por 9 y se perdió. Paula lo vio alejarse y esperó “25 minutos” a que llegara el primer policía. Antes, no hubo nadie a su alrededor que pudiera ayudarla cuando gritó que le robaron: “La poca gente que había siguió caminando”, sostuvo.

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